Hace unos días escuché de boca de una periodista decir "no hay tu tía" y me quedé pensando cuál sería el origen de esta expresión y qué papel jugaría la tía en esta frase.
Al poco tiempo recibimos de la amiga Yolanda un archivo en el que, muy sorprendidos, encontramos la respuesta. Le agradecemos su colaboración, y la compartimos con todos los curiosos que quizá se estén preguntando lo mismo y quieran saber más de esta frase tan popular.
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Expresión que suele usarse ante los hechos consumados. Al oír “¡no hay tu tía!”, la persona comprende que la situación que pretendía modificar no está sujeta a cambios ni revisión. Pero, ¿qué tiene que ver esta parienta, por mejor voluntad que se le atribuya, con la posibilidad de encontrar soluciones para nuestros males?
Ocurre que tu tía nació de la mala interpretación de atutía o tutía. Término que el diccionario registra en ambas formas y que define como “la costra que queda en la chimenea del horno después de procesar ciertos minerales”. Con esa mezcla se preparaba un ungüento que contenía óxido de cinc, que actuaba como cicatrizante ―todavía hoy es empleado con ese objeto―.
“No hay tutía” se usó entonces como equivalente a “no tiene remedio”. Este es el sentido que mantiene actualmente. Pero al poner a la tía de por medio se ha convertido un recurso medicinal en una cuestión de familia.
De: Tres mil historias de palabras y frases que decimos a cada rato, Héctor Zimmerman, Aguilar, Buenos Aires, 1999.