Decir de la mejor manera lo que se quiere comunicar



Sobre el sustantivo común

Hoy, mientras veía una entrevista realizada a un famoso productor de comedias musicales, escuché que este mencionaba la palabra "adolescenta". Acto seguido comencé a reflexionar acerca de lo común (y tentador) que puede ser cambiar la desinencia a ciertos sustantivos invariables. Así podría decir "estudianta", "dentisto", o "testiga". Para aclarar esto un poco, vamos a señalar las particularidades de los sustantivos de género común y oposición mediante el artículo.

Podemos encontrar sustantivos comunes terminados en:

–ante y –ente: estudiante, comerciante, adolescente, paciente, etcétera

–ista: dentista, pianista, contratista, oficinista, protagonista, etcétera.
(Aclaramos que la RAE acepta la variante modista-modisto).

–iatra: foniatra, psiquiatra, etcétera.

La diferencia de género se establece mediante el determinante o el adjetivo que acompañe a este sustantivo invariable. Por ejemplo:

La o el dentista
El o la cineasta
El o la estudiante

Buen/buena dentista
Cineasta creativa/creativo
Estudiante desinteresado/desinteresada

También existen sustantivos comunes en cuanto al género que no tienen estas terminaciones. Entre ellos podemos mencionar:
criminal, cónyuge, intérprete, suicida, testigo, autodidacta... (Y sigue la lista; tarea para el hogar).

¿Qué es la refrescancia?

Dando una vuelta por un kiosco amigo podemos encontrarnos con un nuevo vocablo (o por lo menos uno que yo no conocía, y que la Real Academia tampoco): “refrescancia”.
Según los publicistas y fabricantes de variadas y conocidas golosinas, mientras disfrutamos uno de los famosísimos caramelos de miel y menta, podemos experimentar un nivel de "refrescancia" que equivale a 3 en su escala de 5 (nos lo hace saber un escrito en el envoltorio). Menuda sensación.
Si por un lado refrescar es disminuir el excesivo calor de una cosa, es decir: enfriar; y por el otro frescor es la cualidad de lo que produce sensación de fresco, o sea, frescura, ¿no sería mejor decir “nivel de frescura (en su boca)” que “nivel de refrescancia”?
Además, convengamos que encontrarse con alguien que tenga un “nivel 3 de frescura en su boca” es más interesante que encontrarse con alguien que esté experimentando un “nivel 3 de refrescancia”.
Comentarios y reflexiones serán bienvenidas para aclarar el origen de tan horroroso término, ¿o me parece a mí?

Bicentenario

El vocablo bicentenario se usa para indicar la fecha en que se cumplen doscientos años de algún acontecimiento.
Similar combinación se utiliza también para indicar un tricentenario (para los trescientos años). A los demás centenarios habrá que agregarles cuarto, quinto, etcétera.

La voz latina sesqui se emplea para indicar una unidad y media.
Por ejemplo:

sesquihora – hora y media

Así, un sesquicentenario habría que festejarlo con una torta con ciento cincuenta velitas.

No bien lo leas te va a quedar grabado

El modo adverbial no bien equivale a tan luego como. Es muy común el uso de ni bien en reemplazo de la forma no bien. El problema es que ni bien, en ese caso, está mal usado porque la conjunción copulativa ni enlaza palabras o frases que denotan negación, por ejemplo:

El Ministro no le creyó al Senador ni cuando le pidió disculpas.

Entonces, no sería correcto decir frases como esta:

Ni bien despertó se marchó sin decir nada.

Ni bien haya regresado le diré todo lo que pienso.

Deberíamos reemplazarlas por:

No bien despertó se marchó sin decir nada.

No bien haya regresado le diré todo lo que pienso.

“Percanta que me amuraste…”

Recogemos del Diccionario Lunfardo de José Gobello que “percanta” significa: “Mujer, considerada desde el punto de vista amatorio”.
Aclarado esto, nos interesa el origen de la palabra “amurar”. Observamos en el Diccionario de Africanismos en el Castellano del Río de la Plata de Néstor Ortiz Oderigo lo siguiente:

amurar. En el lunfardo o caló de nuestra ciudad, el vocablo adquiere distintas acepciones. Pero la que aquí nos interesa es el significado de “casarse”. Y se explica, pues la palabra procede del hausa, hausá o ausá, idioma que hablan los pueblos de la zona africana situada en el norte de Ecuador, el oeste de Sudán y el sur de la región mediterranea donde amure significa “casamiento”. También esta palabra registra el sentido de “abandonar”, “dejar”, “desamparar” o “relegar”. Con esta última acepción, dice nuestro tango: “Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida, dejándome el alma herida...”.