Decir de la mejor manera lo que se quiere comunicar



El porqué de usar por qué o porque

Por qué:

El pronombre interrogativo qué va con tilde y separado de la preposición. Se utiliza en oraciones enfáticas, directas o indirectas. Por ejemplo:

¿Por qué hacer siempre el mismo camino?

¡Por qué habrá hecho eso!

Ya sabés por qué no pudo llegar a horario.

Porqué:
Aquí se escribe todo junto y con tilde, la palabra cumple la función del sustantivo. Veamos:

Nunca sabrá el porqué de mi renuncia.

En este caso la palabra admite su uso en plural:

Me gustaría conocer los porqués de su enojo.

Porque:
Este es el tercer caso, cuando esta palabra no lleva tilde. Aquí estamos en presencia de una conjunción casual.

No salió el avión porque hay paro en el aeropuerto.

Aunque existe un uso excepcional, que encontramos cuando por hace las veces de para. En este caso se debe escribir por separado. Este uso no es muy frecuente, pero veamos algunos ejemplos:

Hizo lo posible por que eso no sucediera.

Ruego por que tenga éxito en su examen final.

El día que Matt Damon volvió a ser un tubérculo

Como vemos en la imagen que acompaña esta breve nota, o Matt se transformó en un tubérculo o le dieron un papel para hacer del Máximo Pontífice de la Iglesia católica.
La reciente noticia que anuncia que el joven actor fue papá por tercera vez carga con un titular confuso. Es muy común que las palabras escritas en mayúsculas corridas no se acentúen, pero esto es un error que conduce a malas interpretaciones.
Para evitar esta ambigüedad la Real Academia Española recomienda:

“Las letras mayúsculas, tanto si se trata de iniciales como si se integran en una palabra escrita enteramente en mayúsculas, deben llevar tilde si así les corresponde según las reglas de acentuación: Ángel, PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED. No se acentúan, sin embargo, las mayúsculas que forman parte de las siglas”.

Todo lo contrario

Pasé por el súper del barrio y cuando iba a pagar, ahí, justo al ladito de la caja, aparecieron en mi campo visual las gloriosa barritas de semillas “Trébol”. Comencé a elegir entre la exquisita variedad de gustos que estas tienen pero, de repente, algo desvió mi mirada y me encontré con esto:


Me dije: ¿qué es lo que está mal? ¿No es obvio lo que está mal? ¿No detectan cierta contradicción en el texto? Pensemos que si la anemia es el “empobrecimiento de la sangre por disminución de su cantidad total…” (fuente: RAE), mejorar una afección de este tipo… ¿no es acaso contradictorio?
Decir en su lugar: “Contra la anemia”, creo que hubiera dejado más claro aún lo sanas y nutritivas que son estas barritas, además de riquísimas. Obvio que no les creo a los fabricantes cuando detallan entre sus beneficios que “mejora la anemia”, sino todo lo contrario, y te las recomiendo…

Conque – con que – con qué

Estas palabras, juntas o separadas, tienen diferente sentido de acuerdo a la función que cumplan. Veámoslo en tres ejemplos.

En el primer caso nos encontramos con una conjunción:

El cartel indica que manejes con precaución, conque mucho cuidado.

En esta oración “conque” cumple la función de una conjunción consecutiva, es un equivalente a decir “así que” o “por lo tanto”.

En el segundo caso, encontramos que las palabras separadas cumplen otra función:

Lo amenazó con <que no volvería más>.

Que” actúa como un pronombre subordinante y la preposición “con” introduce el término. Podríamos reemplazar la subordinada “que no volvería más” simplemente por “eso”.

En el último, es necesario agregar la tilde porque se trata de oraciones interrogativas.

¿Con qué me vas a agasajar?

Decime con qué te gustaría comer las milanesas.

Aquí, en ambos casos encontramos la preposición “con” y el pronombre interrogativo “qué” ―que va con tilde―, en el primer ejemplo como interrogación directa y en el segundo como indirecta.

Ponele un poco de carancafú

crancafú. Voz onomatopéyica que utilizaban los músicos afroargentinos para denotar que una página estética se hallaba bien lograda, que su ritmo era ágil y el más adecuado a su tempo. En tales casos se expresaba: “Esto tiene mucho carancafú”, como en la música afroestadounidense se diría: “Tiene mucho swing” y en la brasileña “mucha bossa”.

Nestor Ortíz Oderigo, “Sobre africanismos”, en el diario El mundo, 1957