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Siglas y acrónimos

La sigla es la unión de las letras iniciales de varias palabras que conforman el nombre de una institución o de un organismo. Algunas reglas que se deben tener en cuenta son:

• Se escriben siempre con mayúscula.
• No pueden dividirse al final de un renglón.
• No llevan punto final, tampoco entre letra y letra, y no debe dejarse espacio entre las letras.
• No tienen forma plural.
• El género de la sigla lo determina la primera palabra del grupo.
Por ejemplo: la CGT (la Confederación General del Trabajo).

Los acrónimos son términos que reproducen una o varias sílabas de las palabras que representan el nombre de un organismo o institución. Estos se escriben con minúscula salvo en su letra inicial.
Existen acrónimos que por su uso muy frecuente se han transformado en sustantivos comunes, en ese caso se escriben con minúscula.
Por ejemplo: láser, ovni o pyme.
Cuando son nombres propios y si tienen más de cuatro letras, sólo se escribe con mayúscula la letra inicial.
Por ejemplo: Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas).

No seamos tan posesivos

Es muy común escuchar frases como: “está cerca mío”, “la joven está detrás nuestro en la cola” o “lo tenés delante tuyo”, por citar algunos ejemplos.

Estos pronombres posesivos que marcamos en negrita (mío, tuyo, nuestro, suyo y vuestro) tienen la función de señalar algo que nos pertenece, y no pueden ir acompañados de un adverbio de lugar (cerca, detrás, delante, etc.). En lugar de los posesivos deberían utilizarse las formas personales (mí, ti-vos, él/ella, nosotros/as, vosotros/as-ustedes, ellos/ellas).

Por lo tanto, estas expresiones deberían formularse de la siguiente manera: “está cerca de ”, “la joven está detrás de nosotros en la cola” o “lo tenés delante de ti (o vos)”.

“Cuando rajés los tamangos buscando ese mango que te haga morfar...”

Esta frase muy conocida por aquellos que gustan del tango se puede encontrar en la composición “Yira, yira” de Enrique Santos Discépolo (1930). La palabra tamango fue incorporada al Diccionario Lunfardo de José Gobello (1975), pero su origen proviene de la lengua africana kimbundu.

Tal como encontramos el término mucama en el lenguaje africano (ver post: 19 de diciembre de 2009), la palabra tamango es un africanismo que se utilizaba en el castellano del Río de la Plata, con más frecuencia en los años 30-50. En la actualidad sólo se escucha en algunos tangos de la época.
En el Diccionario de Africanismos en el Castellano del Río de la Plata de Néstor Ortiz Odoriego se registra la siguiente definición:

tamango. El diccionario académico no presta mayor trascendencia al vocablo del epígrafe y en su explicación yerra una vez más. La palabra se refiere al trapo o cuero con que envolvían sus pies los negros esclavos, quienes, desde luego, carecían de zapatos o botas; en primer lugar, porque los amos no se los proporcionaban, como no le suministraban tantos otros elementos de primera necesidad, y, luego, porque, en África, tenían por costumbre andar descalzos. Merced a ese expediente los siervos podían desplazarse con mayor facilidad, en pisos que, seguramente, no estaban alfombrados. En contraposición de lo que han expresado diversos autores, proviene del idioma kimbundu tama-ngo, desde donde pasó con facilidad al portugués y al castellano. En distintas zonas del Congo y de Angola, donde se habla el lenguaje mencionado, hemos encontrado esta dicción, que luego amplió su significado para incluir los zapatos viejos, de mala confección o demasiado holgados para la persona que los usara. Hilario Ascasubi en su Aniceto el gallo, 1853, emplea la expresión que estudiamos.

Fuente: Ortiz Oderigo, Néstor; Diccionario de Africanismos en el Castellano del Río de la Plata, EDUNTREF, Buenos Aires, 2007.

El plural de cualquiera no es un plural cualquiera

El indefinido cualquiera, ya sea que funcione como adjetivo o como sustantivo, tiene singular y plural: cualquiera y cualesquiera, y sus apócopes cualquier y cualesquier (esta última forma no es frecuente). Se dice: cualquier hombre, un hombre cualquiera, cualquier cosa, una cosa cualquiera, cualesquiera hombres, otros hombres cualesquiera, cualesquiera cosas, dos cosas cualesquiera.

Dice el Diccionario panhispánico de dudas (DPD): “A menudo se utiliza erróneamente la forma del singular para el plural: *«No se debe, cualquiera que sean las circunstancias, admitir que se denigre el nivel del debate» (DYucatán [Méx.] 12.9.96). Aún más inadmisible resulta el empleo de la forma del plural para el singular: *«En nuestro país la tortura o cualesquiera otro acto vejatorio están prohibidos» (Dedom [R. Dom.] 19.12.96)”.
La norma no ha cambiado. Lo que ocurre es que el plural no es muy frecuente, pues muchas veces significa lo mismo que el singular, y esto hace que algunas personas no lo conozcan y no lo usen cuando corresponde.

Precedido siempre del indefinido un, una, cualquiera es un sustantivo que significa persona de poca importancia, indigna, despreciable (en femenino, referido habitualmente a la moral sexual de una mujer). En esta acepción, el plural es cualquieras: un cualquiera, una cualquiera, unos cualquieras, unas cualquieras.

Fuente: Columna de Lucila Castro, LA NACIÓN

Sino vs. Si no



Según la Real Academia Española (RAE), la palabra sino puede funcionar como un sustantivo masculino que significa: fatalidad, destino. También funciona como una conjunción adversativa que se utiliza en los siguientes casos:

Al contraponer un concepto afirmativo a otro negativo expresado anteriormente:
La clase no fue aburrida, sino entretenida.

A veces toma el valor de excepto:
Sabes que no quiero a nadie sino a ti.

En correlación con no solo, denota adición de otros miembros a la cláusula. Suele acompañarse con el adverbio también:
Le parecía que estaba enloqueciendo, no solo de miedo, sino también de aburrimiento.

Puede tener un valor cercano a más que, otra cosa que:
Su ex novia no quería sino volver a verlo.

En el caso que mostramos en la imagen (una publicidad de una revista de Cable) la conjunción adversativa sino está mal aplicada. Aquí debería haberse utilizado la conjunción condicional seguida de negación si no. De este modo la oración quedaría así: “Serían la pareja perfecta, si no fuera que no se pueden ni ver”. Vemos que se está expresando una condición por la que no pueden ser una pareja perfecta.
Como último, observemos que el segundo elemento ―la negación― debe ser tónico, a diferencia de la conjunción adversativa sino que siempre es átona.